viernes, 27 de abril de 2012

Miradas


 “¿Quién eres?”, me pregunto al mismo tiempo que lanzas una mirada a través del vidrio.
Estás sentada sin saber que al observarte me siento temeroso como un hombre primitivo ante el fuego, aunque trato de ocultarlo con mi cara de nada.
El fierro suda en mis manos y el calor satura mi cabeza. Cambio de mano y de paso la canción.
Otro pasajero.
Dejas la panorámica que te ofrece la ventana y diriges tu vista hacia adelante, hacia mí (o por lo menos eso intento creer) y entonces ocurre aquel acontecimiento del que estoy comenzando a hacerme adicto: mantenemos contacto visual por una milésima de segundo antes de que bajes la vista, agarres el mechón de cabello que cae por tu cara y lo peines hacia atrás llevando tu mirada nuevamente al vidrio.
Yo miro arriba y abajo tratando de hacerme el interesante, pero no. Supongo que no sabes ni mi nombre. Así es la vida.
El tiempo avanza y sigues escapándote a las 13:45 por la puerta trasera demostrándome que ni siquiera soy un obstáculo cotidiano al que tienes que empujar para ganarle el asiento.
Soy solo un pensamiento que entra sin tu autorización a tu cabeza y juega por un momento a vivir una historia fantástica y casi imposible para luego salir disparado ante razones que son y que, probablemente, serán un misterio hasta el final de mis días.
Estás afuera esperando a cruzar mientras continúo observándote desde el interior, buscando tu respuesta y aunque sé que nunca me la darás… estoy tranquilo ya que puedo estar seguro de que al día siguiente volverás a subir y sentiré el placer de que nuestras miradas se crucen.
Cambio de mano y de paso la canción.